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Están fundamentados en aquellas actitudes y comportamientos éticos que permiten identificarnos como institución educativa, en el fortalecimiento de nuestra razón de ser y en el desempeño esperado de nuestros egresados.

 

 La equidad: representada como el equilibrio entre la justicia natural y la ley positiva. Juzgar y actuar con imparcialidad, haciendo uso de la razón, propendiendo por la igualdad social, con valoración de la individualidad.

 

La innovación: enfocado en una dimensión social y personal centrada en el cambio, es decir, la voluntad y el poder que cada persona tiene para cambiar su vida; la libertad de escoger y actuar.  Como el paso de una conciencia no reflexiva en que la persona es objeto y carece de capacidad de selección, a una persona sujeto que se confronta con la realidad y participa en la toma de decisiones y en la transformación de esa realidad.

 

La autonomía: haciendo referencia a un espacio desde el que la persona es capaz de decidir y elegir por sí misma, es decir, de poseer y hacer un uso efectivo de la libertad.

 

La ética: refiriéndonos a las normas que permiten la convivencia de personas y grupos.  El cumplimiento del deber, desde el actuar, en lo que se debe o no hacer.